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Nosotros y el Mundo 25: DIECISÉIS AÑOS.


por Gabriela Pineda en 13-09-2020 a 20:43

Dieciséis años. Los estudios de laboratorio le confirmaron su embarazo. Del novio adolescente hacía varias semanas que no sabía algo. Sus padres con gran esfuerzo apenas si podían alimentar a sus numerosos hijos de los cuales ella era la mayor. Se lo habían advertido varias veces, que no fuera a salir con un “error fuera del matrimonio” porque la echarían de casa. ¿Qué hacer entonces?
No podría ocultar su estado por mucho tiempo más, 14 semanas llevaba gestándose en su interior un nuevo ser. Llena de lágrimas le contó su situación a una amiga la cual tampoco sabía gran cosa sobre educación sexual.
Los días siguieron pasando, con cada uno le crecía el vientre y la angustia. La amiga llegó un día con noticias: le había platicado a su hermana mayor lo que sucedía y ella le dio un teléfono y una dirección. “Lleven dinero y un cambio de ropa limpia” le dijo.
¿Qué hacer, ir o no, conseguir dinero? Lo último que pasaba por su mente era acudir a sus padres. Las dos adolescentes fueron a buscar al novio, la familia les dijo que había emigrado a USA y no sabían nada de él. Sin embargo, la madre del muchacho le dio algunos billetes y le sugirió que  mejor lo olvidara. Ella los tomó y quiso pensar que era una señal sobre qué decisión tomar.
Vendió los escasos objetos de valor que tenía: su usado teléfono móvil, la medallita de su primera comunión, un gastado anillo que sustrajo de su madre. La amiga cooperó con el dinero que pudo y así, lograron reunir la cantidad que les habían indicado por teléfono. Una fecha quedó acordada.
Llegó el día. Su madre había estado muy suspicaz, haciendo preguntas sobre su salud, ella negaba todo, procuraba vestir con ropas holgadas que disimularan las 18 semanas de su embarazo.

Tocaron la puerta de la descuidada vivienda que les indicaron, una joven que trataba de ser amable les indicó que pasaran, la amiga se sentó en una silla de madera, a ella se la llevó a otra habitación donde había una mesa cubierta con sábanas, una mesita con algunos artefactos de metal. “Desnúdate y acuéstate allí”, dijo simplemente la mujer.
Una opresión en su pecho comenzó a crecer, sin embargo obedeció. Pronto se dio cuenta que la joven mujer era quien realizaría la intervención quirúrgica. El miedo le cerró la garganta por completo y sus piernas se negaron a correr, a huir de ese sitio como su corazón le gritaba que hiciera.
La anestesiaron por medio de una inyección en el suero vía intravenosa, “cuenta de 10 para atrás” se le indicó. Se sumergió en una intensa obscuridad.

Cuando abrió los ojos no sintió ningún dolor. A lo lejos escuchó el llanto de un recién nacido y caminó en esa dirección. Sus pies andaban sobre una suave arena marina dejando las huellas de su andar. Lo encontró chupando su pequeño dedo a la sombra de una roca, lo tomó en sus brazos y se dirigieron a una cabaña cercana donde entraron y cerró la puerta para siempre.


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