Antena Web: conectando el mundo con el mundo



Nosotros y el Mundo 24: Una Historia De Maternidad.


por Gabriela Pineda en 13-09-2020 a 19:00

Ella era muy joven cuando nació su primer hijo. Probablemente no tenía idea sobre lo que estaba sucediendo ni lo que vendría después pero al llevar a su bebé por primera vez a casa, acostarlo en su cuna y ver la paz con que dormía, envuelto en las sábanas pequeñísimas, seguro y confiado en que ella velaba su sueño, comprendió que no permitiría nunca que algo o alguien dañara jamás a aquel diminuto ser nacido de ella.
Los años fueron transcurriendo, el nacimiento de su segundo hijo, los aciertos e infortunios de la vida familiar y matrimonial, el aprendizaje, la crianza, su propio desarrollo personal y profesional, la casa, la vida.

Se mantuvo fiel a su palabra, protegiendo, inculcando valores, jugando, estableciendo límites, pero sobre todo escuchando y observando. A pesar de sus esfuerzos las dificultades comenzaron a llegar (como suele suceder).  En la adolescencia del primogénito surgieron los problemas escolares y de conducta atendidos y solucionados en ese momento. Entrenadores deportivos, profesores, familia, con quien se diera el conflicto se llegaba a acuerdos que el hijo asumía y enfrentaba.
Sin embargo y a pesar del empeño de ella, los errores se acumulaban uno tras otro. La separación conyugal, la edad madura. El hijo se convirtió en un adulto con varias capacidades y cualidades pero sin definición.  Demasiadas consecuencias negativas.

Ella intentaba mantenerse firme en su propósito de orientar, guiar y apoyar, de no permitir que nada ni nadie le hiciera daño al hijo pero llegó el día en que debió comprender no se puede encontrar a quien no desea ser encontrado, que a pesar de las promesas y propósitos el tiempo avanza y cambia a las personas. A veces la mejor ayuda que se puede prestar es hacerse a un lado y solamente observar, listos y dispuestos a ofrecer nuestra mano cuando sea solicitado.

Comprender que el amor en cualquiera de sus manifestaciones es una entidad viva que para permanecer necesita ser cuidada en ambas direcciones: de ida y vuelta.
Y yo aquí estaré, observándola a ella porque también alguien debe ofrecer su escucha a las madres de cualquier lugar y tiempo. Sé que lo hará bien.


Comentar





Voltar página anterior