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Nosotros y el Mundo 17: Sin Alas.


por Ismael Villaseñor en 18-06-2020 a 02:25 (17-06-2020 a 20:25 en México)

Seres fantásticos, llenos de encanto y poseedores de una veneración por la bondad y el compromiso que adquieren con cada uno de los seres que vivimos en esta tierra.
“Ángel de mi guarda, mi dulce compañía. No me desampares ni de noche ni de día . . .” Nos enseñan a recitar en nuestras oraciones diarias antes de ir a la cama. Todo nuestro alrededor y todo en nuestra vida diaria nos tiene acostumbrados a su presencia. Los encontramos en todas las vertientes de las artes, siempre siendo protagonistas de hechos tan conocidos y siendo representados ya sea en la pintura, en la poesía, la literatura e innumerablemente en la escultura.
=No recuerdo el día que, por primera vez, apareció ante mí; un tipo común en su trato, en ese momento un tipo más que conocí en mi trabajo.

En la Biblia, ellos se nos muestran como guerreros en ejércitos al servicio de Dios, como mensajeros que nos vienen a anunciar las buenas nuevas, así como a advertirnos sobre las desgracias y tragedias que habremos de sufrir por haber faltado ante los ojos del creador.
Sin embargo, la imagen más representativa que tenemos de ellos es de adorables niños que por creencia tenemos son quienes poseen la capacidad de bajar del cielo y vivir entre nosotros hasta completar una vida entera.
O la de tener oportunidad de acompañarnos por un breve tiempo antes de ser llamados ante la presencia del Señor y, de nueva vez, esperar el momento de volver a este mundo.

=Poco a poco fue naciendo una confianza en el trato, una incipiente amistad que se ha ido incrementando día con día hasta el momento actual.

Hace tiempo ya, tuve una experiencia muy singular. Mi esposa tuvo que ser internada en un hospital; se encontraba en proceso de parto.
Mientras tanto, impaciente yo, aguardaba en la sala de espera noticias de su condición. A mi lado, se encontraba sentado un joven de actitud bastante serena en comparación a la angustia reflejada en todos los demás que ahí nos encontrábamos.
En algún momento volvió la mirada a mí, sonrió, cruzó una pierna y dijo: No te preocupes, todo saldrá muy bien.
-Gracias, es lo que más deseo - le contesté.
-Siempre hay que tener fe en que toda situación difícil resulte bien a final de cuentas. Yo estuve aquí mismo hace unos años, me practicaron una cirugía para implantarme una válvula para drenar el líquido que se forma dentro del cráneo debido a una infección cerebral -Señaló su cabeza.
¿Algo muy grave lo que pasaste?  -le pregunté. No hubo respuesta.
¿Tienes algún familiar grave aquí? – volví a preguntar.
Espero a alguien –dijo.
Hubo un silencio.
Por los parlantes se voceaba a médicos, enfermeras y familiares.
Me miró de nuevo y dijo:
-Tu esposa y tus bebés están bien, no te preocupes, ya pasó.
-Gracias- le contesté conformado. Oye… pero no te había comentado que . . .
 Pero él ya no se encontraba, su asiento estaba vacío. No existía alguna posibilidad que desapareciera así, tan de repente, tendría que haber saltado sobre todos en la concurrida sala. No le di tanta importancia, eso vino después.
Mi esposa dio a luz a mellizos, todo sin complicación alguna. Aquel momento con ese joven fue una rara, pero muy grata situación en mi vida.
=Me llamo Ángel, mi madre me nombró así porque ¿sabes? Ella me concibió siendo una mujer mayor.
 En cada ocasión que nos encontramos, su saludo se fue transformándose a un “¿Qué onda cabrón? ¿cómo amaneciste?” y a la respuesta, un “chido güey”.  Enseguida, pasamos a pláticas interesantes sobre temas que con él puedo platicar con gusto. Lo sentí un amigo surgido de la casualidad. En varias ocasiones sus preguntas, posiblemente sus preocupaciones, sonaron para mi como consejos, como alertas.
-Güey, ¿ya hablaste con ella?, ¿Qué te cuesta cabrón? - hablábamos de cualquier otra cosa y remataba con el índice señalando a su sien “ahí te encargo. No dejes pendientes”.
Se repitió esto, no sé cuántas veces.

Tiempo después, mi madre murió.

En la ocasión que le comenté lo sucedido, vi y sentí una cierta actitud de pena en su cara.
-¿Cómo estás? ¿Todo en paz contigo? -Preguntó, sosteniendo con fuerza mi mano.
Si, creo que sí. -Respondí.
Volví a mi memoria las ocasiones en que él me había hecho esas recomendaciones y me molesté conmigo mismo al saber que de alguna forma se me había advertido.
Lo he seguido viendo. No ha dejado de sugerirme algunas cosas, de alentarme y hacerme notar lo que no he dejado de hacer, pero sin pensar mí, como si conociera las necesidades que tengo y que, de alguna forma, he olvidado atender.
Ya tuve una oportunidad de seguir sus consejos y creo no desperdiciaré otra más.
Están aquí y no traen alas al cuerpo, no despiden luz alrededor de ellos. Solo hay que aprender a identificarlos.
Es un tipo bastante alto, un tanto desgarbado y de barba descuidada. Gusta de la buena lectura, la buena música, la cerveza y el whisky.
Así puede ser un ángel.
No habría porque extrañarse.


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