Antena Web: conectando el mundo con el mundo



Nosotros y el Mundo 16: La Luna.


por Gabriela Pineda en 17-06-2020 a 01:50 (16-06-2020 a 19:50 en México)

Corría apresuradamente entre los senderos, las brechas y matorrales. Algunas heridas en el cuerpo a causa de las raíces secas, espinas y piedras que lastimabansu apresurada huida. No tenía tiempo suficiente para sacar el machete e ir abriéndose camino.
El corazón le latía intensamente. Creía escuchar a sus perseguidores cada vez más cerca, así que seguía en su escape sin pausa alguna.
La luna iluminaba con intensidad el campo, el monte. Eso le daba un poco de consuelo. Además él conocía muy bien el lugar y senderos, sin embargo debía improvisar por caminos poco transitados en su afán por despistar a quienes lo seguían.
Encontró un hueco entre las rocas. Se refugió allí para tomar aliento.
Su boca y garganta secas. El sudor corriendo por su rostro. Sólo quería descansar y recobrar un poco el aire, vendar las heridas en sus pies para no dejar más rastros.
No supo de dónde salió la hermosa mujer con vestido blanco que se plantó frente a él, ofreciéndole un poco de agua. Él la bebió con desesperación, sin pensar en lo que hacía. Tumbado en el piso, ella de pie. Trataba de ver el rostro de ella, se le dificultaba porque la luna la iluminaba de espaldas.
Ella le lavó las heridas con más agua, arrancó algunos trozos de su vestido y le vendó los pies. “Aquí estás seguro, nadie te encontrará” le susurró con dulce voz.
Él se dejó llevar por sus cuidados, ya no sentía dolor ni ansiedad, le tendió la mano y juntos se elevaron hacia arriba, hacia la luna.

Por la mañana su familia lo encontró  en el cementerio, abrazado a la cruz de una tumba, a salvo.
Abrió los ojos y leyó el nombre de una mujer en la lápida: el de su difunta madre, fallecida hacía muchos años, la cual no encontró límites de tiempo, espacio, ni de vida o muerte para acudir en su auxilio, con la luna como único testigo de un amor así.


Comentar





Voltar página anterior